jueves, 23 de abril de 2009

Cambia al cliente para transformar el mundo




Todos piensan en cambiar el mundo, pero nadie piensa
en cambiarse a sí mismo…Alexei Tolstoi


Recordemos que para lograr cualquier cambio, y esto se puede aplicar a todos los contextos, es necesario empezar por transformarnos internamente; debemos modificar primero nuestra manera de ver las cosas y luego nuestra conducta. Así que el primer paso para mejorar la problemática ambiental a nivel mundial es tomar conciencia de los cambios que debemos realizar personalmente para que integrarlos a nuestros valores personales y estilos de vida. Asumir un comportamiento verde en nuestras vidas es un valor que debe estar intrínseco en nuestro ser y se debe manifestar en todos los ámbitos donde nos desenvolvemos (en la casa, oficina, lugares donde compartimos con nuestros amigos, ya sean locales nocturnos, escenarios naturales, etc.). Es necesario recaudar información sobre los hábitos que cada uno de nosotros podemos adoptar que contribuirán con este objetivo, además de analizar cada una de nuestras acciones pensando en la repercusión que puedan tener en el medio ambiente.

Luego de concienciar y afianzar este nuevo valor de nuestra vida, debemos tomar en cuenta otro aspecto muy importante: “somos consumidores” y el comercio se desarrolla en base a lo que queremos. La frase “el cliente siempre tiene la razón” manifiesta de manera indirecta, pero a la vez muy clara la importancia del consumidor (cliente) en lo referente al sistema de comercio. Si éste empieza a mostrar interés en los eco-productos o en los productos orgánicos, los comerciantes se interesarán en adquirir, distribuir y vender productos de este tipo y por ende los productores se interesarán por fabricar bienes que cumplan con las exigencias del mercado, de igual manera irán adaptando poco a poco su tecnología de producción a sistemas cada vez más conservacionistas. Todo es una cadena que irá cambiando a medida que asumamos internamente estos valores. Probablemente al preguntar en alguna tienda si determinado producto consume más o menos energía que otro o si está hecho con materiales reciclados, etc., el vendedor los mire con cara de “este se volvió loco, de qué está hablando”, ya que en nuestro país no es común mostrar interés por el tema ambiental, pero por otra parte muchos de los productos que se importan al país dan cierta información al respecto en sus manuales.

En caso de que nos miren con esa cara o que los manuales no manejen dicha información por lo menos se habrá sembrado la semilla del interés de los consumidores por estos temas en la cadena de comercio y de ahí se empezarán a desarrollar los cambios en los diferentes eslabones; esta estrategia también se aplica a los servicios, ya sean turísticos o de otra índole. Es importante conocer y manejar información respecto al tema con la finalidad de afianzar este valor internamente y para no ser engañado por estrategias de marketing de algunas compañías quienes utilizan el término eco o ecológico a la ligera como una etiqueta para vender determinados productos y servicios que realmente no poseen los atributos necesarios en la mencionada categoría.

Ver más allá de lo evidente












No tenemos otro mundo al que podernos mudar…
Gabriel García Márquez

La naturaleza nos brinda alimento, los recursos para crear bienes con los que podemos crear vestimenta, medicinas y llevar una vida más cómoda, así como su energía, belleza y espacios donde podemos pasar el tiempo, practicar ejercicios, viajar, relajarnos o aislarnos del estrés causado por nuestro estilo de vida actual, pero generalmente estos recursos se explotan y consumen sin dar nada a cambio para su conservación.

El ser humano se diferencia del resto de los seres vivos por poseer raciocinio y libre albedrío, pero tiende a ensimismarse asumiendo posturas egoístas, ignorando su relación con el resto de los seres vivientes y olvidando que forma parte de un ecosistema y que su interacción con el resto de los seres es lo que nos permite disfrutar de la vida. Un ejemplo de esta conducta egocéntrica y del poco nivel de conciencia que existe entre el hombre y lo que le rodea es al estar en la playa y tirar la colilla de un cigarrillo u otro deshecho en la arena, sin tomar en cuenta que en ese sitio donde disfrutas por la mañana de diversas actividades y donde compartes con tus seres queridos, es el mismo sitio a donde van, en la noche, las tortugas a desovar para poder subsistir por lo menos por una generación más.

Vivimos en una sociedad consumista acostumbrada a comprar cualquier cosa y después desecharla para luego volver a comprar otra más, lo que genera un ciclo vicioso cuyo resultado final es la producción de más y más basura. Nuestras acciones y conductas generan impacto en el ambiente. Cada uno de nosotros es responsable de los desechos que generamos, por lo tanto, el problema con la basura no termina cuando la sacamos de nuestras casas aunque la hubiésemos separado por material para su posterior reciclaje, nuestra responsabilidad al respecto va más allá. Es cierto que esta separación es uno de los principales hábitos que debemos adquirir todas las personas, tanto en las casas y oficinas como en cualquier otro lugar, pero la idea es reducir la generación de residuos y desechos.

El consumo de los recursos que nos brinda el ambiente sin contribuir a la preservación de estos y la generación indiscriminada de basura son actitudes irracionales y los perjudicados somos nosotros, las acciones de nuestro presente repercuten en nuestro futuro por eso hay actuar, al menos, de manera sostenible, es decir, conservar los recursos para que las próximas generaciones puedan disfrutar de ellos también. 

El cambio empieza internamente y luego se manifiesta en el exterior, no se trata de cambiar drásticamente nuestro estilo de vida, lo importante es ser cada vez más concientes de nuestro entorno y adoptar pequeños hábitos que a mediano y largo plazo contribuirán tanto con nuestro entorno como con nuestras vidas.